Sin duda alguna, esas tiernas e inocentes palabras pronunciadas de la boca de alguno de nuestros pequeños, nos llegan al alma y a cualquier padre, aparte de sentirse orgulloso, debería hacerlo reflexionar.

“Papa, yo quiero ser como tu”, tiene el mágico poder de cambiar la vida de su padre y a la vez examinarse – no sólo como padre y esposo – sino también en otros roles que le toca vivir como persona a nivel espiritual, familiar, laboral, físico, económico y social.

Si te hicieras la pregunta: “Me gustaría que mi hijo fuera como yo?”, qué te responderías?, qué cambios te gustaría hacer en tu vida?, y de qué cosas te sentirías orgulloso de brindarle a tu hijo como ejemplo?

Algunas veces, puede ser que nuestros hijos no nos escuchen, pero siempre nos miran y nos imitan.

Ojalá uno de tus objetivos sea trabajar en tu excelencia personal para así garantizar una eficacia en la crianza actual de tu pequeño y a la vez convertirse ambos en una obra maestra de Dios para el mundo. Una obra maestra que empieza por papá, y así, poco a poco ir modelando en tu hijo la mejor imagen para él, respetando su propia individualidad, su propio ser.

Ser un buen modelo de vida, un buen maestro que de igual forma, le ayude y le enseñe a “usar su cincel”. Un buen padre, no es el que cría a su hijo a su propio antojo, sino lo cría dejándose guiar por Dios, orientado por El, por altos valores y principios. Tampoco es buen padre quien lleva a su hijo siempre en brazos, brindándole todo lo que le pida, o todo aquello de lo cual él mismo careció, sino más bien aquel que le enseña a caminar por la vida con un propósito y un norte a seguir, sabiendo que él – como padre – no siempre estará a su lado, por lo tanto hay que darle las propias herramientas necesarias. Así el hijo ira por la vida guiado por las huellas que va dejando su padre, pero dando sus propios pasos y danzando por la vida a su propio ritmo.

Hablar, es una cosa. Conectar con él, es otra. Mírale siempre a los ojos!!

Lo anterior lo ilustra a la perfección, esa pequeña pero gran mujer – la madre Teresa – con este pensamiento:

“Les enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Les enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Les enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo, en cada vuelo, en cada sueño, en cada vida, perdurará siempre la huella del camino enseñado”.

Que esas inocentes palabras de tu hijo, sean la lanza que te impulse con fuerza a reflexionar, a tomar conciencia, a hacer cambios, pequeños ajustes, con valentía y determinación en conformidad con el amor que sientes por tu hijo.

Nuestros hijos necesitan conocer y estar inmersos en dos mundos muy diferentes uno de otro: el mundo material y el mundo espiritual.  Esas dos partes, la visible y la invisible, el mundo real o natural y el mundo divino o sobrenatural.  Y es su padre, quien con gran fuerza, puede poner de manifiesto esos dos mundos en su ser, reflejados en su propia actitud y comportamiento.

Para ti que eres padre, que quizá eres también abuelo, que vas haciendo una obra maravillosa en tu vida: quiero desearte FELIZ DÍA!!! Aunque de la boca de tu pequeño no hayas oido esas palabras, puedes tener la seguridad que en su pequeño y gran corazón quiere seguir y seguirá tus pasos.

FELIZ DÍA PAPÁ!!!✨💖✨