{"id":729,"date":"2019-09-09T06:00:27","date_gmt":"2019-09-09T12:00:27","guid":{"rendered":"http:\/\/efectomariposa.in\/?p=729"},"modified":"2019-09-09T06:10:21","modified_gmt":"2019-09-09T12:10:21","slug":"729","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/2019\/09\/09\/729\/","title":{"rendered":"Aquellos d\u00edas ordinarios"},"content":{"rendered":"<h5>Al leerlo me sent\u00ed totalmente identificada con \u00e9l, y volv\u00ed a recordar aquellos tiempos&#8230;los maravillosos e infantiles juegos, largas horas de sue\u00f1o sobre mi pecho, boquitas con nutela, eternos llantos en los primeros d\u00edas de k\u00ednder, peces muertos y flotando en la pecera, largos cuentos por la noche, esos \u201cpu\u00f1itos\u201d en la cama y la oraci\u00f3n y bendici\u00f3n antes de dormir, mi cama hacinada por piecitos inquietos, intensos juegos de f\u00fatbol, ba\u00f1os en la tina con todo tipo de juguetes flotando en el agua, admiraci\u00f3n por lo m\u00e1s m\u00ednimo y por los bichitos y hormigas del jard\u00edn, habitaciones en completo caos, y miles de hermosos recuerdos m\u00e1s!<\/h5>\n<h5>Ni\u00f1os&#8230;ni\u00f1os&#8230;que tan r\u00e1pido dejan de serlo para convertirse en hombres, dej\u00e1ndonos un hermoso recuerdo guardado en la memoria y encerrado con gran amor en el coraz\u00f3n.<\/h5>\n<h5>Pero a\u00fan ya siendo grandes, ser\u00e1n siempre nuestros ni\u00f1os, nuestras ni\u00f1as&#8230;.<\/h5>\n<h5>El siguiente texto es de Katrina Kenison, escritora y periodista. Hace unos diez a\u00f1os escribi\u00f3 un libro en el que narraba los desaf\u00edos y descubrimientos que acompa\u00f1aron la crianza de sus dos hijos. Ahora publica una segunda parte donde cuenta la experiencia de verlos independizarse y partir, con la misma mirada atenta, amante de los detalles y las peque\u00f1as vivencias que dan el verdadero sentido a la vida.<\/h5>\n<h5>Se que muchas de ustedes, as\u00ed como yo, se sentir\u00e1n identificadas con el relato.<\/h5>\n<h5>&#8220;Los dias ordinarios&#8221;<\/h5>\n<h5>Si crees que la vida en familia que tienes ahora, la tendr\u00e1s para siempre, tal vez debas prestar atenci\u00f3n a los d\u00edas comunes, esos que comienzan con cereal y terminan viendo pel\u00edculas.<\/h5>\n<h5>Entre ellos est\u00e1n los d\u00edas en que mis hijos jugaban con el perro, com\u00edan helado por los cachetes, y se mec\u00edan en los columpios. Tardes con manguera y lodo, que los chiquillos terminaban en mi cama, en aquellas noches de cine familiar.<\/h5>\n<h5>Cuando mi primer reto\u00f1o llor\u00f3 en la puerta del kinder, pens\u00e9 que siempre llorar\u00eda al separarse de m\u00ed. Pero todo sucede por etapas y a su tiempo. Entonces los problemas nos parec\u00edan enormes; las alergias, el partido perdido, peces y hamsters que mor\u00edan uno tras otro. Pero en general, el mundo en que viv\u00edamos y la familia que construimos, hizo sentir que la infancia era s\u00f3lida y duradera.<\/h5>\n<h5>Lo m\u00e1s bello de esa etapa fue mecerlos en mi regazo oliendo a talco y a cabello reci\u00e9n lavado. El beso y la bendici\u00f3n antes de dormir. Dejarlos en su rec\u00e1mara por tan poquito tiempo, por que siempre amanec\u00edan en la nuestra.<\/h5>\n<h5>Me preocupaba que si no les le\u00eda un cuento antes de dormir, no los motivar\u00eda a leer, y me entristec\u00eda si discut\u00edan por el turno del juego como si fueran a pelear por el resto de sus vidas.<\/h5>\n<h5>Todas las etapas llegan a su fin. La pelota deja de volar por el jard\u00edn. Los juegos de mesa se llenan de polvo. Regalas la ba\u00f1era de pl\u00e1stico y ahora esperas horas a que salgan de la regadera.<\/h5>\n<h5>La puerta de la rec\u00e1mara que siempre estuvo abierta, de pronto un d\u00eda: se cierra. Un d\u00eda al cruzar la calle estiras tu brazo para alcanzar la manita que siempre estuvo ah\u00ed para agarrar la tuya, y tu chico de trece a\u00f1os camina un par de pasos atr\u00e1s, pretendiendo no conocerte.<\/h5>\n<h5>Has entrado a un nuevo territorio llamado adolescencia y no conoces el piso en donde estas parada. El hijo que cargaste y cuidaste se ha transformado en un sujeto jorobado sobre una computadora. Te preguntas si lo est\u00e1s haciendo bien, pues ya no hay marcha atr\u00e1s. Te preguntas si podr\u00e1s sobrellevar el resto del d\u00eda sin discutir, y acabas agotada recordando aquellos d\u00edas que parec\u00edan eternos y se han esfumado.<\/h5>\n<h5>Las advertencias y consecuencias ya no funcionan. Las charlas de sobremesa ya no existen. Haces lo que puedes, como puedes: llenas el refrigerador, chofereas, negocias permisos, supervisas, asistes a las citas de calificaciones, dejas de asistir a los partidos, e ignoras la rec\u00e1mara que parece haber sido bombardeada.<\/h5>\n<h5>Te piden otra vez dinero. Tratas de no hacer muchas preguntas. Tratas de obtener todas las respuestas. Vuelves a llenar el refrigerador. Compras pizzas. Te asomas por el balc\u00f3n a ver la fiesta. Aprendes a textear con ellos. Aprendes a rezar por ellos. Tus noches de sue\u00f1o ahora son noches de alerta. Te haces experta en leer entre l\u00edneas, en interpretar miradas, en determinar olores.<\/h5>\n<h5>Te dice &#8220;qiubo ma&#8221; y de pronto estas de frente a una verdad que sab\u00edas desde hace tiempo y te negabas a enfrentar. Ahora el joven no necesita, ni que le prepares leche, ni que le cierres la chaqueta: necesita tu confianza.<\/h5>\n<h5>Te recuerdas a ti misma, que habr\u00e1 que dejarlos ir y practicas el arte de vivir el presente. Saboreas cada minuto que tienes, aqu\u00ed y ahora, cenando con tu familia y diciendo buenas noches en persona. Das el beso en la mejilla y la bendici\u00f3n en la frente, aunque parezca que ya no les gusta.<\/h5>\n<h5>No podemos cambiar el crecimiento de nuestros hijos, pero podemos cambiar nuestra actitud ante ello, en vez de decir lo que deber\u00edan corregir, piensas en lo superado y logrado por cada uno, por que en cualquier momento vas a estar abrazando a tu peque\u00f1o de 1.80 metros de estatura y lo har\u00e1s de puntitas para decirle al o\u00eddo que lo extra\u00f1ar\u00e1s mientras hace su maestr\u00eda en otro continente.<\/h5>\n<h5>El torbellino de los cajones azotados y los ganchos ca\u00eddos buscando una sudadera al son de la m\u00fasica estridente, se han ido ya. La casa tiene una nueva clase de silencio. El gal\u00f3n de leche se vuelve agrio. Por f\u00edn sobra una rebanada de pastel para t\u00ed, pero ya no tienes apetito. Nadie te pide que lo lleves a ning\u00fan lado.<\/h5>\n<h5>Entonces miro a mi esposo, sentado en la mesa del antecomedor, que de pronto se hizo muy grande para dos, y me pregunto c\u00f3mo es que todo pas\u00f3 tan de prisa. Mis libreros est\u00e1n llenos de albums con veinte a\u00f1os de fotos: pi\u00f1atas, premios, partidos y navidades. Sin embargo, los recuerdos que m\u00e1s deseo atesorar; los que desear\u00eda volver a vivir, son los momentos que nadie pens\u00f3 en fotografiar; esos ratos que pasaban a diario entre la cocina y el cuarto de tele. Desayunar cereal en pijamas y acurrucarnos a ver una pel\u00edcula al final del d\u00eda.<\/h5>\n<h5>Me tom\u00f3 mucho tiempo percatarme, pero definitivamente lo aseguro, que el m\u00e1s maravilloso regalo que me ha dado mi familia, el que compone mi m\u00e1s grande tesoro, es el regalo de esos preciosos y perfectos d\u00edas ordinarios.<\/h5>\n<h5>Katrina Kenison.<\/h5>\n<p><img loading=\"lazy\" src=\"http:\/\/efectomariposa.in\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/img_6344.jpg\" class=\"size-full wp-image-739\" width=\"720\" height=\"960\" srcset=\"https:\/\/efectomariposa.in\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/img_6344.jpg 720w, https:\/\/efectomariposa.in\/wp-content\/uploads\/2019\/06\/img_6344-585x780.jpg 585w\" sizes=\"(max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al leerlo me sent\u00ed totalmente identificada con \u00e9l, y volv\u00ed a recordar aquellos tiempos&#8230;los maravillosos e infantiles juegos, largas horas de sue\u00f1o sobre mi pecho, boquitas con nutela, eternos llantos&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":736,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[26],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/729"}],"collection":[{"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=729"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/729\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1004,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/729\/revisions\/1004"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/736"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/efectomariposa.in\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}